Señales de autismo en la infancia: cómo identificarlas según la edad
dra. Fátima Olalla
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) puede comenzar a mostrar indicios desde los primeros meses de vida, pero no siempre son fáciles de reconocer. Como psicóloga sanitaria especializada en intervención infantil y atención domiciliaria, acompaño con frecuencia a familias que sienten que “algo no encaja” en el desarrollo de su hijo o hija, pero no saben si deben preocuparse.
Identificar las señales tempranas no significa etiquetar, sino evaluar el desarrollo social, comunicativo y sensorial para intervenir de manera precoz. Sabemos por evidencia científica que cuanto antes se inicie el apoyo, mejor es el pronóstico.
En esta guía encontrarás una explicación clara y actualizada de las señales más frecuentes, además de una tabla completa por edades basada en los hitos del desarrollo.
¿Qué es el TEA y por qué es importante detectarlo cuanto antes?
El Trastorno del Espectro Autista es una condición del neurodesarrollo que afecta principalmente a:
Los Retos Centrales del Trastorno del Espectro Autista (TEA)
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) se caracteriza por una constelación de desafíos en diversas áreas del neurodesarrollo. Estos desafíos no se manifiestan de forma idéntica en cada individuo, lo que subraya el concepto de «espectro». A continuación, se detallan y expanden las áreas principales de afectación:1. La Interacción Social y la Comunicación
Este es un pilar central en la definición del TEA. Los desafíos en esta área abarcan tanto la dimensión social como la comunicativa, a menudo entrelazadas:
- Déficits en la Reciprocidad Socioemocional: Dificultad para iniciar o responder a interacciones sociales, compartir intereses o emociones, y participar en la toma y daca de una conversación o juego. Esto puede manifestarse como una falta de interés aparente en los demás o, por el contrario, acercamientos sociales inusuales o inapropiados para el contexto.
- Problemas en la Comunicación No Verbal: Dificultad para interpretar o utilizar gestos, contacto visual, posturas corporales y expresiones faciales para regular la interacción social. Una persona con TEA puede tener problemas para comprender el lenguaje corporal de otros o para que su propio lenguaje no verbal sea fácilmente legible.
- Desarrollo y Mantenimiento de Relaciones: Los individuos en el espectro a menudo tienen dificultades para hacer amigos, mantener relaciones o comprender las dinámicas de grupo. Esto no implica una falta de deseo de tener relaciones, sino una dificultad para aplicar las reglas sociales implícitas y flexibles que rigen estas interacciones.
- El Comportamiento, con Presencia de Patrones Repetitivos o Intereses Restringidos
Esta área engloba la necesidad de predictibilidad y la intensidad de ciertos comportamientos o focos de atención:
- Movimientos, Uso de Objetos o Habla Estereotipados o Repetitivos: Esto incluye movimientos motrices repetitivos (como aleteos, giros o balanceos), uso repetitivo de objetos (como alinear juguetes de una manera específica) o frases y ecolalia (repetición inmediata o diferida de palabras o frases). Estos comportamientos pueden servir como una forma de autorregulación o respuesta a la sobrecarga sensorial.
- Insistencia en la Rutina o Adherencia Rígida a Patrones: Una marcada resistencia al cambio o la angustia extrema ante pequeñas modificaciones en el entorno o la rutina diaria (p. ej., cambiar la ruta para ir a la escuela, alterar el orden de las comidas).
- Intereses Altamente Restringidos y Fijos, Anormales en Intensidad o Foco: El individuo puede desarrollar una fascinación intensa por temas muy específicos (p. ej., horarios de trenes, dinosaurios, aspiradoras) y dedicar una cantidad desproporcionada de tiempo y energía a investigar o hablar sobre ellos, a menudo con exclusión de otros intereses.
- El Procesamiento Sensorial, que Puede Ser Hipersensible o Hiposensible
Las diferencias en la forma en que el cerebro procesa la información sensorial son ahora reconocidas como una característica clave del TEA. Esto puede afectar cualquiera de los cinco sentidos (vista, oído, tacto, gusto, olfato) y también el sentido vestibular (equilibrio y movimiento) y propioceptivo (conciencia corporal):
- Hipersensibilidad (Hiporreactividad): Una respuesta exagerada a estímulos sensoriales leves. Por ejemplo, la angustia ante ruidos comunes (como una aspiradora o una secadora de manos), la incomodidad extrema con ciertas texturas de ropa o alimentos, o la aversión a luces brillantes.
- Hiposensibilidad (Hiperreactividad): Una respuesta atenuada o una búsqueda de estimulación sensorial intensa. Por ejemplo, una búsqueda constante de movimiento (girar, saltar), una aparente insensibilidad al dolor o la temperatura, o una necesidad de tocar superficies o personas de manera intensa.
- El Desarrollo del Lenguaje y Otras Habilidades
Si bien el lenguaje y la comunicación se solapan, esta área se centra en la adquisición y uso formal del lenguaje y las habilidades cognitivas asociadas:
- Retraso o Ausencia de Lenguaje Hablado: Algunos individuos con TEA pueden no desarrollar nunca un lenguaje funcional, mientras que otros pueden tener un retraso significativo en su aparición.
- Uso del Lenguaje Peculiar: Incluso cuando el lenguaje se desarrolla, puede presentar características inusuales, como un tono de voz monótono, dificultad para comprender el significado no literal (ironía, metáforas), o un lenguaje excesivamente formal o repetitivo.
- Habilidades Cognitivas Desiguales: Es común observar un patrón de fortalezas y debilidades. Algunos individuos pueden tener habilidades excepcionales en ciertas áreas (memoria visual, cálculo, música) mientras luchan con otras (función ejecutiva, flexibilidad mental, teoría de la mente).
Puede imaginarse como si el niño o niña intentara orientarse en el mundo con un mapa social incompleto y una brújula sensorial que fluctúa en sensibilidad. Esto provoca dificultades para interpretar gestos, mirar a los ojos o adaptarse a cambios, y una búsqueda constante de estabilidad a través de rutinas o movimientos repetitivos. La detección temprana permite:
- Iniciar apoyos ajustados a sus necesidades específicas: Esto implica realizar una evaluación exhaustiva e individualizada para identificar las fortalezas, desafíos y el perfil sensorial único de cada persona. Basándose en esta evaluación, se diseñan e implementan planes de intervención personalizados (como Planes Individualizados de Apoyo o Programas Educativos Individualizados) que aborden áreas clave como la comunicación, la interacción social, la autonomía y la regulación emocional, garantizando que la intensidad y el tipo de apoyo sean coherentes con sus requerimientos evolutivos y contextuales.
- Promover habilidades sociales y comunicativas funcionales: Se busca facilitar el desarrollo de un conjunto de destrezas que permitan una interacción significativa y adaptativa con el entorno. Esto incluye el entrenamiento en la comprensión y el uso del lenguaje verbal y no verbal (incluyendo sistemas de comunicación aumentativa y alternativa – CAA), el desarrollo de la reciprocidad social, la toma de perspectiva, la gestión de las emociones en contextos sociales y la participación en actividades grupales de manera apropiada y satisfactoria.
- Acompañar y empoderar a las familias en el proceso: Reconociendo el rol central de la familia, se ofrece orientación, formación y apoyo emocional continuo. Esto incluye psicoeducación sobre la condición, estrategias de manejo conductual en el hogar, entrenamiento en habilidades específicas para generalizar los aprendizajes (ej. rutinas, juego) y la promoción de un entorno familiar comprensivo y estructurado. El objetivo es que los padres y cuidadores se sientan competentes, conectados y sean colaboradores activos en la intervención.
- Reducir el malestar derivado de la hipersensibilidad o la hiposensibilidad sensorial: Se interviene en la regulación de la modulación sensorial que a menudo causa ansiedad, estrés o comportamientos disruptivos. Esto se logra mediante la implementación de estrategias de integración sensorial (ajustes ambientales, «dietas» sensoriales, uso de herramientas específicas), el entrenamiento en habilidades de autorregulación y la identificación y manejo de desencadenantes sensoriales para promover un estado de calma y disposición para el aprendizaje.
- Mejorar el pronóstico a largo plazo y la calidad de vida: El fin último de la intervención temprana y continuada es maximizar el potencial de desarrollo de la persona. Esto se traduce en fomentar la mayor autonomía posible en la edad adulta (independencia, toma de decisiones, empleo, vivienda), promover la inclusión social plena y sostenible, y garantizar un bienestar emocional y físico que permita una vida adulta satisfactoria y con sentido.
Señales del autismo en la infancia
Aunque cada niño es diferente, existen patrones comunes que la evidencia considera señales de alerta:
Área de Comunicación e Interacción Social: Manifestaciones Típicas
Las siguientes características representan indicadores comunes de dificultades en el área de la comunicación e interacción social, esenciales para el desarrollo típico y la participación en el entorno:
- Puede existir una regresión en el lenguaje y desarrollo, muy típica a los 18 meses de edad (pierden habilidades que antes tenían como lenguaje o contacto ocular) y es parte de la historia natural del TEA
- Respuesta Inconsistente o Escasa al Nombre: Se observa una falta de orientación o atención cuando la persona es llamada por su nombre, especialmente en ausencia de otros estímulos. Puede variar desde una falta total de respuesta hasta una reacción demorada o inconsistente, sugiriendo una dificultad en el procesamiento del lenguaje y la atención social.
- Alteraciones en el Contacto Visual: Se manifiesta una notable falta de contacto visual directo, o bien, una mirada poco dirigida o fugaz. En lugar de usar la mirada para regular la interacción, compartir el foco de atención o expresar emociones, el contacto visual puede ser evitado activamente, siendo breve, o estar dirigido al entorno.
- Dificultad en la Iniciación y Mantenimiento de Interacciones: Existe una dificultad significativa para iniciar una interacción social con pares o adultos (por ejemplo, acercarse a jugar, empezar una conversación) y para mantener el flujo bidireccional de la misma.
- Uso Reducido de Gestos Comunicativos: Hay menor frecuencia o ausencia de uso de gestos con función comunicativa. Incluye gestos deícticos (como señalar para mostrar interés en un objeto lejano), gestos reguladores (como asentir o negar con la cabeza) o gestos convencionales (como saludar con la mano o despedirse). Esta limitación afecta la comunicación preverbal y la capacidad de expresión oral.
- Ausencia de Intereses Compartidos y Atención Conjunta: Se observa una tendencia a expresar sentimientos o intereses a través de la comunicación. La persona raramente utiliza frases o gestos para dirigir la atención del otro hacia un objeto o evento de su agrado (el acto de señalar y decir «mira», o exclamar «mira esto que tengo»). Esta limitación en la atención conjunta es fundamental para el aprendizaje social y la conexión emocional.
- Desafíos en la Comprensión e Imitación de Expresiones Sociales: Existen problemas para interpretar o imitar expresiones sociales o emocionales complejas. Esto incluye la dificultad para comprender el significado de las expresiones faciales (alegría, tristeza, enfado) y el tono de voz (prosodia) en diferentes contextos. Consecuentemente, pueden surgir problemas para ajustar la propia conducta o expresión emocional de manera adecuada a la situación social, lo que impacta la reciprocidad emocional.
Lenguaje y comunicación no verbal en el contexto del Trastorno del Espectro Autista
Las dificultades en el lenguaje y la comunicación no verbal son características centrales y a menudo los primeros signos que se observan en personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Estas dificultades se manifiestan en una amplia gama de comportamientos y capacidades, impactando significativamente la interacción social y el desarrollo de la persona:
- Retraso en el desarrollo del lenguaje verbal:
- Uno de los indicadores tempranos más comunes es que el niño no alcanza los hitos del desarrollo del lenguaje esperados para su edad (ej., no balbucea, no dice palabras sencillas, o no forma frases de dos o tres palabras).
- Este retraso puede variar desde una ausencia total del lenguaje verbal funcional (mutismo) hasta un desarrollo tardío con adquisición gradual de vocabulario.
- Pérdida de habilidades lingüísticas adquiridas:
- En algunos casos, el niño puede haber comenzado a hablar y luego perder las palabras o frases que había aprendido previamente. Este fenómeno, aunque menos común, es una señal de alarma significativa y requiere evaluación inmediata.
- Ecolalia (repetición de palabras o frases):
- Consiste en la repetición literal de sonidos, palabras o fragmentos de frases que la persona ha escuchado.
- Puede ser inmediata (justo después de escucharla) o diferida (mucho tiempo después, como frases de películas o conversaciones pasadas).
- Aunque a menudo se percibe como una comunicación sin sentido, en ocasiones la ecolalia puede tener una función comunicativa (ej., pedir algo, afirmar o protestar) o ser un mecanismo de auto-regulación.
- Dificultad para usar el lenguaje con intención comunicativa (Pragmática):
- A diferencia de un simple problema de vocabulario o gramática, la principal dificultad radica en el uso social y funcional del lenguaje.
- Esto incluye problemas para:
- Iniciar o mantener una conversación de manera recíproca.
- Tomar turnos en el diálogo.
- Adaptar el tono, volumen o contenido del discurso al oyente o al contexto.
- Entender el significado no literal como el sarcasmo, las ironías o las metáforas.
- Alteraciones en la Comunicación No Verbal:
- Las dificultades van más allá del lenguaje hablado e incluyen el uso y la comprensión de las señales no verbales, que son cruciales para la interacción:
- Contacto visual atípico: Puede ser escaso, breve o, en ocasiones, demasiado intenso y forzado.
- Expresión facial limitada o inadecuada al contexto emocional.
- Dificultad para interpretar los gestos de los demás (ej., un saludo, una señal de advertencia, o la expresión de aburrimiento).
- Uso atípico de gestos: A menudo, no utilizan gestos para señalar objetos de interés o compartir experiencias con otros (gestos protodeclarativos).
- Prosodia y entonación peculiares: El habla puede sonar monótona, robótica, o con un énfasis inusual en ciertas sílabas o palabras, lo que dificulta la transmisión de la intención emocional.
- Las dificultades van más allá del lenguaje hablado e incluyen el uso y la comprensión de las señales no verbales, que son cruciales para la interacción:
Comportamientos, Intereses y Patrones de Juego
Esta área se caracteriza por la presencia de patrones de comportamiento, intereses o actividades restringidos, repetitivos y estereotipados.
- Movimientos Repetitivos y Estereotipados:
- Estereotipias Motoras Simples: Incluyen movimientos repetitivos, rítmicos y sin propósito aparente, como el aleteo de manos, el balanceo del cuerpo al estar sentado o de pie, o girar sobre uno mismo. Estos movimientos pueden intensificarse en situaciones de alta excitación (positiva o negativa) o ansiedad.
- Manipulación de Objetos: Uso repetitivo y no funcional de objetos, como alinear juguetes de forma rígida, girar ruedas de coches o abrir y cerrar puertas repetidamente.
- Intereses Intensos y Específicos (Hiperfocalización):
- Intereses Circunscritos: Desarrollo de intereses muy intensos y focalizados que son anormales en su intensidad o especificidad. Ejemplos comunes incluyen la fascinación por objetos que giran (ruedas, ventiladores, lavadoras), números, letras, horarios de trenes, mapas, planetas o un tipo muy específico de dinosaurio.
- Acumulación de Información: Tendencia a coleccionar y acumular información detallada sobre estos temas de interés, a menudo de forma enciclopédica, y a hablar sobre ellos de manera insistente sin percibir el interés o la falta de interés del interlocutor.
- Adherencia Rígida a Rutinas y Resistencia al Cambio:
- Necesidad de Invariabilidad: Fuerte y, a menudo, angustiosa necesidad de rutinas rígidas y rituales en la vida diaria (p. ej., rutas específicas para ir a la escuela, orden inmutable para las comidas o el aseo).
- Malestar Intenso ante Cambios: Malestar significativo, ansiedad o reacciones catastróficas (rabietas) ante cambios mínimos o inesperados en el entorno, las rutinas o la secuencia de actividades. Esta necesidad de previsibilidad está relacionada con una dificultad para manejar la incertidumbre.
- Patrones de Juego:
- Juego Repetitivo o Funcional: Predominio de formas repetitivas y rígidas de juego centradas en las propiedades sensoriales de los objetos (oler, tocar, mirar de cerca) o en su funcionamiento mecánico, en lugar de en su uso simbólico.
- Ausencia o Dificultad en el Juego Simbólico (Juego de Ficción): Marcada dificultad para participar en el juego simbólico o imaginativo apropiado para la edad (p. ej., fingir que un plátano es un teléfono o representar roles). Si existe, el juego simbólico puede ser limitado, repetitivo y carecer de la flexibilidad o la interacción social típica.
Procesamiento Sensorial y Regulación
El procesamiento sensorial en niños puede presentar desafíos significativos que afectan su interacción con el entorno y su bienestar general. Estas dificultades a menudo se manifiestan en la forma en que el sistema nervioso interpreta y responde a la información que recibe a través de los sentidos.
Hipersensibilidad sensorial (Sobre-respuesta):
- Auditiva: Reacciones intensas y a menudo dolorosas a ruidos cotidianos (aspiradoras, timbres, gritos). El niño puede taparse los oídos, llorar o intentar huir del estímulo.
- Visual: Sensibilidad extrema a luces brillantes, fluorescentes o ciertos patrones visuales. Pueden preferir entornos con poca luz o evitar el contacto visual.
- Táctil (Contacto físico y texturas): Aversión a ciertas prendas de vestir (etiquetas, costuras, telas ásperas), resistencia a ser tocado, o dificultad con actividades de aseo personal como cortarse el pelo o las uñas.
Hiposensibilidad sensorial (Baja-respuesta o Búsqueda sensorial):
- Baja-respuesta: Aparentemente, falta de reacción o respuesta disminuida al dolor, a la temperatura o a estímulos internos y externos. Pueden no notar heridas o no percibir el frío/calor de manera habitual.
- Búsqueda sensorial: Necesidad constante e intensa de estimulación. Esto puede manifestarse como búsqueda de contacto físico profundo, movimientos constantes, chocar contra objetos o personas, o buscar sabores y olores muy intensos.
Dificultades en la Alimentación:
- Las texturas y consistencias de los alimentos son un desencadenante común de aversiones alimentarias en niños con dificultades de procesamiento sensorial.
- Puede manifestarse como un repertorio alimentario muy limitado (comer solo 5-10 alimentos específicos), rechazo a mezclar alimentos, o dificultad con el paso de texturas líquidas a sólidas. Estas dificultades van más allá de ser un «comedor quisquilloso» y pueden impactar la nutrición.
Alteraciones del Sueño:
Los problemas de procesamiento sensorial a menudo están ligados a la dificultad para regular el sistema nervioso, afectando directamente el ciclo de sueño-vigilia. Esto puede manifestarse como una serie de problemas relacionados con el sueño, tales como:
- Dificultad para iniciar el sueño (incapacidad del cuerpo para relajarse o «calmarse»).
- Interrupciones del sueño frecuentes (despertares a lo largo de la noche).
- Calidad del sueño deficiente (sueño inquieto o no reparador).
- Aumento de la sensibilidad a estímulos externos durante la noche (ruidos o cambios de luz).
Estas alteraciones sensoriales pueden generar desregulación emocional y conductual, provocando frustración, ansiedad, colapsos (meltdowns) o rabietas ante situaciones que para otros niños son normales o manejables. El entorno debe ser adaptado y entendido para facilitar la participación y el aprendizaje del niño.
Señales de alerta del TEA según la edad
A continuación se presenta una infografía clara basada en la detección de TEA según la edad:

Herramientas de cribado y cuándo pedir una evaluación
La detección temprana del Trastorno del Espectro Autista (TEA) es crucial para optimizar el desarrollo, siendo las herramientas de cribado estandarizadas un pilar en atención primaria.
El M-CHAT-R/F es un cuestionario de cribado validado internacionalmente, recomendado entre los 16 y 30 meses en revisiones pediátricas para identificar el riesgo de TEA. Su versión con seguimiento (F) reduce los falsos positivos.
Ninguna herramienta sustituye el juicio clínico. La observación clínica continua (desde los 6 meses), prestando atención a hitos sociales (sonrisa, contacto visual, atención conjunta), es clave para detectar desviaciones tempranas.
El diagnóstico fiable y formal de TEA generalmente se establece alrededor de los 2 años por profesionales especializados, utilizando evaluaciones exhaustivas como el ADOS-2 y el ADI-R.
Es vital la derivación oportuna a Atención Especializada a cualquier edad si hay sospechas fundadas, sin la política de «esperar y ver», ya que un retraso o atipicidad en el desarrollo social o comunicativo justifica el inicio inmediato del proceso.
Como expertos en la materia, insistimos en la importancia de realizar una valoración auditiva en niños pequeños, ya que la falta de atención puede deberse a problemas auditivos.
Una parte importante del diagnóstico precoz es elaborar un diagnóstico etiológico (genético fundamentalmente) y descartar enfermedades neurológicas graves como algunos tipos de epilepsia, enfermedades metabólicas etc… Es importante no solo la evaluación psicológica si no que a todo niño con sospecha de TEA también le valore un neuropediatra.
¿Qué hacer si sospecho que mi hijo puede tener TEA?
¿Sospechas que tu hijo padece Trastorno del Espectro Autista? Una intervención temprana y adaptada a las necesidades específicas de cada individuo puede tener un impacto profundamente positivo y significativo. Te recomendamos que sigas estos pasos:
- Observa sin alarmarte, tomando notas de conductas repetidas.
- Comenta tus inquietudes con un profesional de psicología infantil.
- Solicita una evaluación del desarrollo si aparecen varias señales.
- No esperes a que “ya hablará” o “se le pasará”: la intervención temprana marca la diferencia.
En muchos casos, una intervención adaptada puede resultar en mejoras notables en varias áreas clave:
- El contacto visual y la atención conjunta: Se trabaja para aumentar la frecuencia y la calidad del contacto visual, facilitando una conexión más significativa con los demás y mejorando la capacidad de compartir el foco de atención en un objeto o evento (atención conjunta), habilidad crucial para el aprendizaje social y el lenguaje.
- La comunicación (verbal y no verbal): Se busca ampliar el repertorio comunicativo. Esto incluye el desarrollo del lenguaje hablado (articulación, vocabulario, sintaxis) o la implementación de sistemas de comunicación aumentativa y alternativa (SAAC), así como la mejora en la comprensión y uso de gestos, expresiones faciales y el lenguaje corporal.
- Las habilidades sociales y la interacción recíproca: Se promueve la capacidad para iniciar, mantener y terminar interacciones sociales de manera apropiada. Esto abarca el aprendizaje de normas sociales, la toma de perspectiva, la empatía, y la habilidad para jugar e interactuar con compañeros de forma cooperativa y flexible.
- La regulación emocional y conductual: Se dota al individuo de estrategias y herramientas para identificar, comprender y gestionar sus propias emociones (como la frustración o la ansiedad). Esto lleva a una mejor autorregulación, a una disminución de las conductas desafiantes o disruptivas y a una mayor resiliencia.
- La gestión sensorial e integración de estímulos: Se aborda la hipersensibilidad o hiposensibilidad a estímulos sensoriales (visuales, auditivos, táctiles, olfativos, gustativos, vestibulares o propioceptivos). El objetivo es ayudar al individuo a procesar y responder a la información sensorial de manera más organizada y funcional, lo que reduce la sobrecarga y mejora la participación en actividades cotidianas.
Si necesitas apoyo, ofrecemos servicio de psicología infantil a domicilio en Madrid. Pued
Las señales de autismo en la infancia pueden ser sutiles o muy llamativas, pero siempre es fundamental observar el desarrollo con una mirada amplia y basada en evidencia. No se trata de buscar diagnósticos precipitadamente, sino de garantizar que cada niño o niña reciba el apoyo adecuado en el momento oportuno.
Si tienes dudas sobre el desarrollo de tu hijo, recuerda que pedir orientación profesional es un acto de cuidado. La detección temprana permite acompañar mejor su crecimiento, potenciar sus habilidades y favorecer su bienestar emocional.
Preguntas frecuentes sobre el TEA
¿Cuáles son las señales tempranas de TEA en bebés y niños pequeños?
Incluyen escasa respuesta al nombre, poco o nulo contacto visual, falta de gestos comunicativos (como señalar para compartir interés), retraso o ausencia de balbuceo/lenguaje, juego poco simbólico y posibles dificultades sensoriales. La regresión del lenguaje o habilidades sociales es especialmente relevante.
¿Es normal la regresión alrededor de los 18 meses?
No. La pérdida de habilidades previamente adquiridas (como palabras, contacto ocular o gestos) es una señal de alarma que requiere una evaluación profesional para descartar TEA u otros trastornos del desarrollo.
¿Qué herramientas de cribado se usan y a qué edad?
La herramienta más usada es el M-CHAT-R/F entre los 16 y 30 meses. No sustituye al juicio clínico, pero orienta el riesgo y ayuda a decidir la derivación a especialistas. Si hay sospecha, se utilizan evaluaciones diagnósticas como ADOS-2 y ADI-R.
¿Cuándo debo pedir una evaluación profesional?
Si aparecen varias señales de alerta, si hay regresión del desarrollo, si existen dificultades marcadas en comunicación, interacción social, lenguaje o juego simbólico, o si la familia siente que “algo no encaja”. La intervención temprana mejora el pronóstico.
¿En qué se diferencian las señales por edades?
En lactantes destaca la falta de sonrisa social o atención conjunta; entre 12–24 meses el retraso del lenguaje y escasez de gestos; en preescolar, rigidez en rutinas, intereses restringidos y dificultades en el juego simbólico; en escolar, dificultades sociales y pragmáticas.
¿La intervención temprana realmente cambia el pronóstico?
Sí. Mejora la comunicación, habilidades sociales, regulación sensorial y emocional, y favorece un mayor nivel de autonomía a largo plazo. La calidad de vida del niño y su familia aumenta significativamente.
¿Debo consultar también con neuropediatría y realizar estudio etiológico?
Sí, especialmente si hay sospecha clara de TEA. Es recomendable valorar audición, realizar estudio etiológico (sobre todo genético) y descartar comorbilidades neurológicas para orientar la intervención de forma integral.
¿Ofrecen apoyo a domicilio si tengo dudas sobre el desarrollo?
Equipo Médico Ordovás ofrece psicología infantil y neuropediatría a domicilio en Madrid para orientación, valoración diagnóstica, apoyo emocional y acompañamiento a las familias durante todo el proceso.

