GUARDERÍA ¿SÍ? O ¿NO?

El sistema inmune de los niños se va fortaleciendo a medida que crecen y se van exponiendo a diferentes patógenos. Muchos padres creen que su hijo está bajo de defensas porque está “siempre malo”. Esto no es así, simplemente enlazan resfriados con viriasis con gastroenteritis con conjuntivitis, etc, etc... mientras su sistema inmune aprende a combatirlos.

Existe debate acerca de si los niños deben o no acudir a guardería a edades tempranas. Aunque algunos casos deben ser valorados de forma individualizada, en general, los menores de 12 meses interactúan poco con otros niños y son más propensos a enfermar. A esta edad los que van a guardería suele ser por necesidades laborales.

A medida que van creciendo se vuelven más activos y curiosos y muchos niños “piden” cambiar de entorno unas horas. La guardería ofrece muchos beneficios que en casa no tienen: son estimulados, aprenden a compartir, se acostumbran a estar con otras personas, aprenden vocabulario, etc. Por otro lado, la mayoría de las enfermedades adquiridas son banales y autolimitadas porque suelen ser de origen vírico. Estas suelen mejorar en 2-3 días sin precisar antibiótico u otros tratamientos médicos y el niño vuelve a estar activo con unas defensas un poquito más fuertes.

Sin embargo, como he mencionado antes, hay ciertos casos que deben ser valorados de forma individual. Aquellos que precisen antibióticos o broncodilatadores en repetidas ocasiones quizás hay que considerar evitar exponerles a ambientes cargados de gérmenes al menos durante los meses de invierno.

Sea cual sea la decisión que se tome hay que asumir que los mocos y la tos forman parte del proceso madurativo del sistema inmune de los niños, que los menores de 6 años pueden pasar hasta un catarro al mes e incluso encadenar uno con otro y parecer que nunca se libran de ellos. Si el niño está activo, alegre, come y duerme relativamente bien el tratamiento debe limitarse a realizar lavados nasales con suero fisiológico y hacer una vida completamente normal, seguir acudiendo al parque, a la guardería y a fiestas de cumpleaños.

CATARRO, RESFRIADO COMÚN O INFECCIÓN RESPIRATORIA DE VÍAS ALTAS

El catarro o resfriado común consiste en un conjunto de síntomas (mocos, tos, estornudos, dolor de garganta, dolor de cabeza y/o malestar) causados por diferentes virus. Los niños menores de 6 años presentan un promedio de seis a ocho episodios al año, con síntomas que duran alrededor de 14 días. Esto significa que un niño puede estar con síntomas de catarro de manera intermitente durante casi la mitad del invierno.

CONTAGIO

Los catarros son más contagiosos durante los primeros dos a cuatro días de la infección. El virus se propaga a través de diminutas gotitas que se liberan cuando una persona enferma estornuda, tose o se suena la nariz. A su vez, esas diminutas partículas pueden reposar en las manos, un juguete o el pomo de una puerta.

SIGNOS Y SÍNTOMAS

Los signos y síntomas por lo general comienzan de uno a dos días después de la exposición. En los niños los mocos y la tos son los síntomas más frecuentes. La fiebre (temperatura superior a 38°C) también es común y se resuelve en menos de 72 horas. Otros síntomas pueden incluir dolor de garganta, irritabilidad, dificultad para dormir y disminución del apetito.

POSIBLES COMPLICACIONES

La mayoría se resuelven solos sin precisar tratamiento. Sin embargo, un pequeño porcentaje de ellos se puede complicar con otitis, sinusitis, bronquitis, bronquiolitis o neumonía.

TRATAMIENTO

El tratamiento consiste en el manejo de los síntomas. No existen medicamentos que curen un catarro.

  • Lavados nasales con suero fisiológico antes de las tomas o comidas y antes de dormir.

  • Dormir con cabecero a 30°.

  • Favorecer la ingesta abundante de líquidos.

  • En caso de fiebre, malestar o irritabilidad se pueden administrar analgésicos o antitérmicos: Paracetamol a niños mayores de 3 meses o Ibuprofeno a niños mayores de 6 meses.

  • Evitar un ambiente seco. El aire humidificado puede mejorar la congestión nasal y la tos, pero no se recomienda mantener un humidificador encendido toda la noche ya que favorece la formación de colonias de mohos y bacterias.

  • Los antihistamínicos, descongestionantes, antitusivos y mucolíticos no se suelen mandar en bebés y niños debido a la falta de eficacia probada y el riesgo de efectos secundarios. Sin embargo, a veces se pueden pautar si la tos o la congestión nasal impiden el descanso nocturno a pesar de las medidas anteriormente mencionadas.

  • Los antibióticos no son eficaces en el tratamiento de los resfriados. Pueden ser necesarios si se complica por una infección bacteriana, como una otitis, neumonía o sinusitis. El uso inapropiado de antibióticos puede crear resistencias, dejando de hacer efecto cuando son realmente necesarios.

  • Para evitar el contagio se recomienda mantener una buena higiene de manos.

CUÁNDO LLAMAR AL PEDIATRA

Se recomienda consultar con un pediatra cuando el niño presente alguno de los siguientes síntomas:

  • Dificultad para respirar a pesar de los lavados nasales.

  • Fiebre que persiste más de 72 horas.

  • Hay signos o síntomas de una infección de oído (irritabilidad mientras se toca un oído, llanto súbito mientras duerme, dolor al presionar la entrada del conducto auditivo).

  • Cambios de comportamiento, incluyendo irritabilidad o letargo (disminución de la capacidad de respuesta) que no ceden con analgésicos o antitérmicos.

  • Los síntomas empeoran o no mejoran después de 7 a 10 días.