ALIMENTACIÓN COMPLEMENTARIA

La leche debe ser la principal fuente de alimento durante el primer año de vida y debe ser exclusiva hasta los 6 meses si la lactancia es de leche materna.

Siempre que sea posible, se recomienda la leche materna por sus inmumerables ventajas: es la que mejor se adapta a las necesidades nutricionales y las características digestivas del lactante, transfiere inmunidad de madre a hijo, disminuye el riesgo de muerte súbita y favorece el vínculo entre la madre y el bebé.

Cuando se opta por lactancia artificial esta debe ser con fórmula de inicio (tipo 1) hasta los 6 meses, con fórmula de continuación (tipo 2) de los 6 a los 12 meses y con leche de crecimiento (tipo 3) o leche entera a partir de los 12 meses. Las fórmulas se deben dar igual que la leche materna, a demanda y respetando las necesidades del bebé.

No está justificado introducir nuevos alimentos antes de los 4 meses aunque tampoco es aconsejable hacerlo más allá de los 6 meses. La leche como alimento único a partir de los 6 meses no proporciona la energía y nutrientes suficientes y la falta de diversificación puede ser motivo de falta de apetito. Es una época muy válida para la educación del gusto y el conocimiento de los alimentos básicos que permitirán al bebé adaptarse a una alimentación equilibrada, variada y suficiente.

Todos los días deben tomar 500ml de leche y comer fruta, verdura, cereales y proteína (carne, pescado, huevo o legumbres). Lo ideal es que hagan una comida cada 4 horas y que no tengan la necesidad de alimentarse durante la noche. Aquellos bebés que toman lactancia materna pueden seguir tomando pecho antes de las comidas como alimento principal seguido de la alimentación complementaria (como su propio nombre indica, complementaria). Pero en aquellos que no son grandes comedores recomiendo dar el pecho como postre para que coman con más hambre. Las comidas recomendadas son:

  • Desayuno: papilla o biberón de cereales con leche materna, de fórmula o agua.

  • Comida: verdura con carne, pescado, huevo o legumbres.

  • Merienda: fruta.

  • Cena: papilla o biberón de cereales con leche materna, de fórmula o agua.

Una vez establecida la alimentación complementaria se recomienda mantener un aporte de 4-5 tomas de pecho o aproximadamente 500ml de leche al día.

CEREALES: Se introducen entre los 4 y 6 meses. Antes de los 6 meses serán sin gluten para evitar sensibilizaciones a esta proteína. El trigo, la avena, la cebada y el centeno contienen gluten pero el arroz y el maíz no. A partir de los 6 meses se puede introducir directamente el gluten (aunque no haya tomado nunca ningún tipo de cereales). El gluten se debe introducir siempre antes de los 7 meses.

Los cereales son un alimento muy calórico y existe riesgo de obesidad si se abusa de ellos. La cantidad que se introduzca irá en función del peso del niño. Habitualmente se introducen en la toma del desayuno y la cena. Se pueden dar en biberón o en forma de papilla mezclados con leche de fórmula, leche materna o agua. También existe la opción de darlos como merienda mezclados con la papilla de frutas.

Cuando el niño coma sólido se pueden dar en forma de pan, galleta, pasta o arroz a ser posible en su forma integral.

FRUTAS: Se empezará a partir de los 5-6 meses en forma de  papilla o chafadas. Deben emplearse frutas frescas variadas y de temporada introduciendolas de forma progresiva y haciendo diferentes mezclas si se quiere, para educar el gusto y evitar que el niño se aburra de comer siempre lo mismo.

No deben endulzarse con azúcar y se desaconseja mezclarla con galletas por el azúcar que contienen. En forma de zumo tienen alto contenido en fructosa y ningún aporte de fibra.

Las frutas normalmente se dan de merienda pero se pueden dar a cualquier otra hora como sustituto de una toma, entre tomas o como postre.

VERDURAS: Se irán introduciendo a partir de los 6 meses habitualmente al mediodía (almuerzo). Deben cocerse al vapor o con poca agua y aprovechar el caldo de cocción. No añadir sal ni caldos comerciales. Se recomienda añadir una cucharada de aceite de oliva en crudo.

Durante el primer año deben evitarse las coles, las verduras de hoja grande (acelgas, espinacas…), la remolacha y  los nabos (pueden darse pero de forma esporádica).

Una vez introducidas las verduras se puede comenzar a dar carne, pescado, huevo y legumbres. No se debe ofrecer carne y pescado o huevo en el mismo día por el exceso de proteínas. Se recomienda variar los ingredientes para que cada día haya un alimento rico en proteínas y hierro y para que el niño se vaya acostumbrando a probar diferentes sabores.

Ejemplo de papilla de verduras con pollo o pescado blanco: Hervir durante 20 minutos judías verdes, puerro, patata y pollo sin piel (más o menos medio muslo o contramuslo por ración) o un filete pequeño de pescado blanco y después triturar. No conservar más de 48 horas en la nevera. Se puede congelar en porciones diarias (excepto la patata) e ir sacandolas según necesidades. La cantidad aproximada por ración es de un bol de 250ml.

CARNE: 20-30 g/día. Pollo, pavo, ternera, conejo, cordero… Evitar las partes grasas de las mismas. No utilizar las carnes cazadas con plomo en niños menores de 6 años.

PESCADO: 30-40 g/día. Se debe congelar previamente para evitar el contacto con anisakis. Empezar con pescado blanco. El pescado azul se recomienda empezar a dar a partir del año y siempre pescados de pequeño tamaño (sardina, caballa, salmonete…). Los pescados azules de gran tamaño (pez espada, tiburón, atún rojo y lucio) contienen alto contenido en mercurio por lo que se desaconseja en menores de 3 años y debe limitarse a 50 g/semana en niños mayores de 3 años. Evitar el consumo de cabezas de crustáceos y cuerpos de cangrejo por el alto contenido en cadmio.

HUEVOS: Máximo 3 a la semana. Se introducirá primero la yema cocida y posteriormente la clara cocida (nunca crudos) añadiendolo a las verduras en sustitución de la carne/pescado/legumbres.

LEGUMBRES: Dos veces a la semanas. Garbanzos o lentejas dejándolas en remojo la noche anterior a su preparación y mejor si son germinadas para una mejor digestión. Se añaden a las verduras y sustituyen a la carne/pescado/huevo.

FRUTOS SECOS: Machacados a partir de los 6 meses. Nunca enteros por riesgo de atragantamiento.

YOGUR: Aquellos hechos con leche de continuación se pueden dar a partir de los 6 meses. A los 9 meses el yogur natural sin azúcar. El yogur se da como complemento o mezclado con la papilla de frutas de la merienda.

SAL: Antes de los 12 meses no se añadirá a las comidas.

LECHE DE VACA: A partir de los 12 meses como bebida principal sin exceder los 500ml diarios. La leche debe ser ENTERA por su aporte de vitaminas liposolubles y grasas. Antes del año se puede tomar en pequeñas cantidades formando parte de otros platos como salsas, bechamel, etc.

AGUA: Mientras el lactante recibe sólo leche materna o fórmula adaptada no requiere líquidos adicionales, salvo en situaciones extremas de calor o pérdidas aumentadas de líquidos (fiebre o diarrea). En cambio, ya que la alimentación complementaria supone una mayor carga renal de solutos, se le ofrecerá agua y será el niño quien se regule. Se le ofrecerá el mismo tipo de agua que toman los adultos sin necesidad de hervirla.

DULCES: Se desaconseja el consumo de azúcar y edulcorantes. La miel no debe introducirse antes del año por el riesgo de transmitir botulismo.

A partir de los 7-8 meses se puede ir introduciendo una cena suave (tortilla, pescado o filete de carne desmenuzado, croquetas… con algo de verdura). Valorar la cantidad de cena para dar más o menos (o no dar) cereales. Se aconseja continuar con leche antes de acostarse, es su rutina de sueño y, a veces, la manera de completar el medio litro de leche que necesita.

Debe mantenerse un horario regular de comidas, intentando que coman siempre a las mismas horas. Las primeras veces que se ofrece un alimento es muy habitual que lo rechace por lo que a veces hay que ofrecer varias veces antes de que muestre interés por alimentos nuevos. Si rechaza repetidamente un alimento, sustituir por otro del mismo grupo y volver a ofrecer pasadas unas semanas. No se debe obligar a comer, hay que respetar el apetito del niño. Se debe dar de comer en un ambiente tranquilo, sin estímulos que distraigan la atención del niño y sin prisas. No hacer juegos ni usar la televisión ni el móvil para distraerle ya que estos hacen que el niño deje de participar de forma activa en su alimentación. Es bueno que el niño participe, cogiendo y tocando los alimentos. Se recomienda comer en familia y, si muestra interés por la comida de los padres, ofrecerle salvo que exista riesgo de atragantamiento. Los líquidos se pueden dar en taza o en vaso a partir de los 6 meses. No dar bebidas azucaradas.

Evitar hasta los 3-4 años alimentos sólidos que puedan suponer un riesgo de atragantamiento como los frutos secos enteros, palomitas, uvas enteras, zanahorias crudas, etc.

Todo lo anterior son pautas y recomendaciones que ayudarán a guiar en la introducción de la alimentación complementaria. No hay una regla estricta, cada bebé y familia es un mundo y cada uno irá encontrando la mejor manera de alimentar a su bebé adaptándose a sus rutinas, gustos y costumbres.

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GUARDERÍA ¿SÍ? O ¿NO?

El sistema inmune de los niños se va fortaleciendo a medida que crecen y se van exponiendo a diferentes patógenos. Muchos padres creen que su hijo está bajo de defensas porque está “siempre malo”. Esto no es así, simplemente enlazan resfriados con viriasis con gastroenteritis con conjuntivitis, etc, etc... mientras su sistema inmune aprende a combatirlos.

Existe debate acerca de si los niños deben o no acudir a guardería a edades tempranas. Aunque algunos casos deben ser valorados de forma individualizada, en general, los menores de 12 meses interactúan poco con otros niños y son más propensos a enfermar. A esta edad los que van a guardería suele ser por necesidades laborales.

A medida que van creciendo se vuelven más activos y curiosos y muchos niños “piden” cambiar de entorno unas horas. La guardería ofrece muchos beneficios que en casa no tienen: son estimulados, aprenden a compartir, se acostumbran a estar con otras personas, aprenden vocabulario, etc. Por otro lado, la mayoría de las enfermedades adquiridas son banales y autolimitadas porque suelen ser de origen vírico. Estas suelen mejorar en 2-3 días sin precisar antibiótico u otros tratamientos médicos y el niño vuelve a estar activo con unas defensas un poquito más fuertes.

Sin embargo, como he mencionado antes, hay ciertos casos que deben ser valorados de forma individual. Aquellos que precisen antibióticos o broncodilatadores en repetidas ocasiones quizás hay que considerar evitar exponerles a ambientes cargados de gérmenes al menos durante los meses de invierno.

Sea cual sea la decisión que se tome hay que asumir que los mocos y la tos forman parte del proceso madurativo del sistema inmune de los niños, que los menores de 6 años pueden pasar hasta un catarro al mes e incluso encadenar uno con otro y parecer que nunca se libran de ellos. Si el niño está activo, alegre, come y duerme relativamente bien el tratamiento debe limitarse a realizar lavados nasales con suero fisiológico y hacer una vida completamente normal, seguir acudiendo al parque, a la guardería y a fiestas de cumpleaños.

GASTROENTERITIS AGUDA

La gastroenteritis aguda (GEA) es la inflamación del tracto digestivo que cursa con deposiciones líquidas y más frecuentes y suele acompañarse de vómitos, fiebre y dolor abdominal. La duración suele ser menor de 7 días y no mayor de 14 días.

Un niño menor de 3 años puede sufrir entre 0,5 y 2 episodios al año, siendo mayor la incidencia en niños que acuden a guardería y más grave cuanto más pequeño es el niño. Es una de las enfermedades más frecuentes durante la infancia. La causa más común es por virus, sobre todo por rotavirus. Desde la comercialización de la vacuna frente al rotavirus se ha evidenciado una importante disminución de casos. Otras causas de GEA son: intoxicación alimentaria o por agua contaminada de bacterias o parásitos, infección respiratoria o de orina, alergias a alimentos, antibióticos, etc.

A veces es difícil diferenciar una GEA de causa vírica de una bacteriana. Ambas pueden cursar con fiebre, malestar y dolor abdominal. La vírica es más habitual en invierno y la bacteriana se relaciona más con el verano y el consumo de alimentos contaminados o en mal estado y suele presentar sangre o moco en las heces. Aquellas causadas por parásitos son raras en países desarrollados y suelen durar semanas o meses. Por eso es importante informar cuando se ha realizado un viaje al extranjero.

La diarrea de origen infeccioso es contagiosa. Dependiendo del microorganismo, se puede contagiar desde antes de que aparezcan los síntomas hasta incluso semanas y meses después de que sus síntomas se resuelvan. Es muy importante una buena higiene de manos, sobre todo tras cambiar el pañal o tras ir al baño. El niño no debería acudir a la guardería o al colegio mientras duren los síntomas.

Lo importante cuando un niño presenta vómitos o diarrea es vigilar los SIGNOS DE DESHIDRATACIÓN:

  1. Boca seca.
  2. Ausencia de lágrimas.
  3. Orina concentrada y escasa.
  4. Pérdida de turgencia cutánea (al pellizcar la piel permanece la forma del pellizco).
  5. Palidez, relleno capilar lento (al presionar la piel y volverse pálida tarda más de 2 segundos en recuperar su color rosado).
  6. Fontanela de la cabeza hundida.
  7. Mareo o bajo nivel de conciencia.
  8. Respiración a normal.

MANEJO DE UN NIÑO CON VÓMITOS Y DIARREA:

Se debe comenzar ofreciendo una solución de rehidratación oral (SRO) con una jeringa o cucharadita (50ml por kg de peso a lo largo de 4 horas). Así iremos “engañando” al aparato digestivo y reponiendo el líquido perdido. No ocurre nada si pasa varias horas sin comer pero sí es MUY IMPORTANTE mantenerle bien hidratado y esto sólo se consigue con SRO, no con agua ni con bebidas isotónicas o deportivas (estas tienen demasiado azúcar y tienen niveles inapropiados de electrolitos para el paciente con diarrea).

En el caso de los lactantes de lactancia materna esta debe seguir siendo a demanda, no se debe de suspender.

Una vez que el niño ha pasado varias horas sin vomitar y ha recuperado el apetito se puede comenzar a introducir alimentos:

  • No es necesario evitar productos lácteos.
  • Los alimentos mejor tolerados son carbohidratos (arroz, trigo, patatas, pan), carnes magras, yogur natural, frutas y verduras.
  • Evitar alimentos que contengan azúcares, grasas o que sean flatulentos.
  • El uso de probióticos ayudan a restaurar la flora intestinal dañada reduciendo el volumen de las deposiciones y la duración de la diarrea.

La diarrea suele resolverse sola y no requiere tratamiento medicamentoso. Los antibióticos se emplean única y exclusivamente cuando se conoce la causa o cuando esta se sospecha sobre todo tras viaje reciente a un país endémico. Los antieméticos y antidiarreicos están contraindicados en niños ya que aumentan el riesgo de penetración del germen y de septicemia.

DEBE SER EVALUADO POR UN PEDIATRA SI TIENE:

  1. Edad menor de dos meses.
  2. Vómitos durante 12 horas (6 horas en bebés).
  3. Más de ocho deposiciones abundantes al día.
  4. Dolor abdominal durante más de 3 horas.
  5. Signos de deshidratación.
  6. Fiebre alta (39-40ºC) que no cede bien con antitérmicos.
  7. Enf ermedad crónica como diabetes o insuficiencia renal crónica.

ESTREÑIMIENTO EN LA INFANCIA

 

El estreñimiento es un problema muy común en la infancia. Predomina entre los 2 y 4 años y, a diferencia que en los adultos, es discretamente más frecuente en los niños que en las niñas. En la mayoría de los casos la causa es funcional por un cambio en la dieta o una disminución de la ingesta de líquidos. La causa orgánica (por trastornos anatómicos, neurológicos o metabólicos) es mucho menos frecuente y es motivo de derivación al Digestivo Pediátrico.

Se considera estreñimiento a la eliminación de heces duras y dolorosas asociada a una disminución en la frecuencia de defecación.

LACTANTES MENORES DE 6 MESES

Los lactantes de fórmula artificial suelen hacer una deposición diaria, a veces menos. Si la leche tiende a estreñir se puede probar la versión AE (antiestreñimiento) o cambiar a otra marca. Nunca se debe alterar la concentración de la leche, es decir, hay que mantener la proporción de 30 ml de agua por cada cacito de fórmula. A partir de los dos meses se puede ofrecer agua entre tomas. Un masaje abdominal en el sentido de las agujas del reloj y flexionar las piernas sobre el abdomen (como en la imagen) ayudan al avance del tránsito intestinal.

Es raro que un lactante de leche materna exclusiva se estriña. Lo primero hay que comprobar que se está alimentando bien. El pediatra o la enfermera hará un control de peso y buscará signos de deshidratación (moja menos de 5 pañales al día, boca pastosa, piel seca, etc). Los lactantes de leche materna suelen hacer una deposición después de cada toma durante el primer mes de vida. A partir del mes y medio disminuye la frecuencia y pueden pasar varios días o incluso una semana entre una deposición y otra. Esto es simplemente porque el bebé está aprovechando cada gota de leche para crecer y no necesita eliminar tanto. Esto no es estreñimiento.

Tampoco se debe confundir la disquecia con estreñimiento. En la disquecia el bebé realiza gran esfuerzo con llanto durante unos 10 minutos antes de la emisión de heces blandas. Esto ocurre por una falta de coordinación entre los movimientos del intestino y la relajación de la musculatura pélvica.

LACTANTES MAYORES DE 6 MESES Y NIÑOS

Un cambio en la dieta como, por ejemplo, el inicio de la alimentación complementaria (a los 4-6 meses de edad), unas vacaciones o cuando el niño empieza a comer en el colegio, puede provocar estreñimiento.

La formación de heces duras y de mayor volumen pueden formar un fecaloma y ocupar todo el recto haciendo un tapón. A veces ocurre que un niño estreñido mancha el pañal o la ropa interior con heces líquidas. Esto ocurre por desbordamiento, las heces blandas “desbordan” el fecaloma. Lo primero que se debe hacer es desimpactar por vía rectal mediante microenema o por vía oral mediante sobres de PEG, siempre bajo supervisión médica. Durante los primeros días tras la desimpactación hay que controlar la ingesta de fibra ya que la fermentación produce gases provocando distensión del colon y dolor. Se recomienda un ciclo de 2-3 meses con sobres de PEG para regular el tránsito intestinal y que el niño le pierda el miedo a ir al baño. Una vez desimpactado y regulado el tránsito es importante una dieta rica en fibra pero es aún más importante una buena ingesta de líquido.

El paso de las heces duras a través del ano puede provocar la formación de fisuras causando dolor y angustia en el niño. Esto genera una actitud retentiva por miedo a ir al baño. La fisura se debe tratar con pomada cicatrizante para intentar romper el círculo vicioso de dolor-retención de heces.

CÓMO PREVENIR Y TRATAR EL ESTREÑIMIENTO:

  1. Dieta rica en fibra: zumo de naranja natural en ayunas, kiwi, ciruelas, calabaza, pasta y arroz integral… (evitar plátano inmaduro y zanahoria). La fruta y la verdura es buena comerla con piel porque es donde más fibra hay. Para un aporte extra de fibra se puede comprar fibra líquida en la farmacia.

  2. Una buena ingesta de líquido para transportar esa fibra a lo largo del intestino. Esto es fundamental, no sirve de nada dar mucha fibra si no tenemos AGUA para transportarla.

  3. No exceder de 500 ml de leche (o 2 lácteos) al día.

  4. Echar un chorro de aceite de oliva en los purés.

  5. En niños más mayores (por la textura) mezclar 1-2 cucharadas de salvado de trigo en un yogur o un puré.

  6. Hacer masaje abdominal en el sentido de las agujas del reloj aplicando crema o aceite de almendras para facilitar el deslizamiento.

  7. Si el estreñimiento es tan intenso que se le forma un fecaloma (bola grande de heces en el recto) lo puedes resolver con un microenema. Después conviene iniciar un tratamiento con un PEG al menos un mes.

  8. Si le duele al hacer caca quizás tenga una fisura. Se debe tratar con una pomada cicatrizante.

CUÁNDO LLAMAR AL PEDIATRA:

  1. Cuando el estreñimiento dura más de una semana.

  2. Cuando hay mucho dolor al evacuar.

  3. Cuando hay sangre en las heces.

SÍNDROME O ENFERMEDAD MANO PIE BOCA

El Síndrome de Mano Pie Boca es una enfermedad vírica que causa úlceras en la boca y lesiones ampollosas en manos, pies y, a veces, nalgas e ingles. Se da sobre todo en niños menores de 5 años y con menor frecuencia en niños mayores y adultos ya que con la edad se va adquiriendo inmunidad. Esta enfermedad ocurre generalmente en el verano y principios del otoño. El periodo de incubación es de 3 a 5 días y los síntomas pueden durar hasta 10 días.

CONTAGIO

El periodo de mayor contagio es desde justo antes del inicio de los síntomas hasta que el niño se siente mejor. Se puede transmitir por contacto directo o a través del contacto de superficies contaminadas. El virus se encuentra en:

  • Las secreciones de la nariz y la boca (saliva, esputo, mucosidad nasal)

  • El líquido de las ampollas

  • Las heces

Es por esto que se debe mantener siempre una buena higiene de manos, sobre todo después del cambio de pañal o de limpiar al niño tras ir al baño.

Con la enfermedad no se adquiere inmunidad ya que la pueden producir diferentes virus de la familia enterovirus (el más frecuente es el virus Coxsackie). Esto quiere decir que se puede padecer la enfermedad más de una vez. A medida que nos hacemos mayores se va desarrollando inmunidad.

Incluso después de que un niño se haya recuperado de la enfermedad, podrá transmitir el virus a través de las heces durante varias semanas, pudiendo contagiar la infección a otras personas. A pesar de ello, al tratarse de una enfermedad leve el niño podrá retomar sus actividades una vez que se encuentre mejor.

SÍNTOMAS

Los síntomas aparecen entre tres y cinco días después de haber sido expuesto a la infección.

Los primeros síntomas son:

  • Fiebre

  • Malestar general

  • Pérdida de apetito

  • Tos

  • Dolor abdominal

  • BOCA: Después de uno o dos días aparecen lesiones rojas en la lengua y en la mucosa de la boca. Estas se convierten en úlceras de color amarillo-gris con bordes rojos. Las úlceras suelen ser muy dolorosas por lo que el niño deja de comer y suele babear (sialorrea) mucho porque le cuesta tragar. Estas se pueden extender alrededor de los labios.

  • MANOS Y PIES: Poco después aparecen lesiones sobreelevadas en la piel, sobre todo en manos, pies y en ocasiones rodillas, codos, nalgas y zona genital. Estas lesiones pueden convertirse en pequeñas ampollas con un centro gris. Las lesiones pueden producir picor o dolor y pueden durar hasta 10 días.

Estos síntomas generalmente aparecen por etapas, no todos juntos. Además, no todas las personas tendrán todos estos síntomas. Algunas podrían no tener ningún síntoma y, sin embargo, transmitir el virus a otras personas. Lo más habitual es que la fiebre remita en los tres o cuatro días posteriores y las lesiones de la boca, las manos y los pies desaparezcan a la semana.

COMPLICACIONES

Esta enfermedad se considera leve y se resuelve sola sin tratamiento médico en un plazo máximo de 7 a 10 días. Las complicaciones son rarísimas en incluyen meningitis, encefalitis o miocarditis.

TRATAMIENTO

Al tratarse de una enfermedad vírica no existe tratamiento que lo cure (la enfermedad debe seguir su curso) pero sí se pueden tomar medidas para aliviar los síntomas.

  • Reposo domiciliario mientras dure el malestar general.

  • No forzar a comer pero sí ofrecer mucho líquido para evitar la deshidratación.

  • Ofrecer alimentos blandos y a temperatura ambiente o fríos. Evitar los alimentos y bebidas calientes, ácidos o picantes.

  • Si presenta dolor, irritabilidad o fiebre administrar ibuprofeno o paracetamol cada 6-8 horas.

  • Aplicar geles o sprays bucales para las úlceras bucales tales como Lidocaína viscosa o similar antes de las comidas.

  • Si presenta lesiones en la zona del pañal se debe aplicar una crema con óxido de zinc para evitar la maceración de las heridas y su posible sobreinfección.

CUÁNDO CONSULTAR AL MÉDICO

  • Si hay duda sobre el diagnóstico.

  • Si rechaza la ingesta de líquidos y presenta signos de deshidratación: orina poco y concentrado, al llorar no presenta lágrimas, boca seca…

  • Debilidad o disminución del nivel de conciencia.

  • Niño menor de tres meses de edad con temperatura mayor de 38°C.

  • Las lesiones en la piel se vuelven muy dolorosas, inflamadas y calientes con o sin secreción de pus.

  • Los síntomas empeoran o no mejoran después de 7 a 10 días.

NOTA: Todas las fotos están hechas por mí excepto la del pie que es de internet.

CATARRO, RESFRIADO COMÚN O INFECCIÓN RESPIRATORIA DE VÍAS ALTAS

El catarro o resfriado común consiste en un conjunto de síntomas (mocos, tos, estornudos, dolor de garganta, dolor de cabeza y/o malestar) causados por diferentes virus. Los niños menores de 6 años presentan un promedio de seis a ocho episodios al año, con síntomas que duran alrededor de 14 días. Esto significa que un niño puede estar con síntomas de catarro de manera intermitente durante casi la mitad del invierno.

CONTAGIO

Los catarros son más contagiosos durante los primeros dos a cuatro días de la infección. El virus se propaga a través de diminutas gotitas que se liberan cuando una persona enferma estornuda, tose o se suena la nariz. A su vez, esas diminutas partículas pueden reposar en las manos, un juguete o el pomo de una puerta.

SIGNOS Y SÍNTOMAS

Los signos y síntomas por lo general comienzan de uno a dos días después de la exposición. En los niños los mocos y la tos son los síntomas más frecuentes. La fiebre (temperatura superior a 38°C) también es común y se resuelve en menos de 72 horas. Otros síntomas pueden incluir dolor de garganta, irritabilidad, dificultad para dormir y disminución del apetito.

POSIBLES COMPLICACIONES

La mayoría se resuelven solos sin precisar tratamiento. Sin embargo, un pequeño porcentaje de ellos se puede complicar con otitis, sinusitis, bronquitis, bronquiolitis o neumonía.

TRATAMIENTO

El tratamiento consiste en el manejo de los síntomas. No existen medicamentos que curen un catarro.

  • Lavados nasales con suero fisiológico antes de las tomas o comidas y antes de dormir.

  • Dormir con cabecero a 30°.

  • Favorecer la ingesta abundante de líquidos.

  • En caso de fiebre, malestar o irritabilidad se pueden administrar analgésicos o antitérmicos: Paracetamol a niños mayores de 3 meses o Ibuprofeno a niños mayores de 6 meses.

  • Evitar un ambiente seco. El aire humidificado puede mejorar la congestión nasal y la tos, pero no se recomienda mantener un humidificador encendido toda la noche ya que favorece la formación de colonias de mohos y bacterias.

  • Los antihistamínicos, descongestionantes, antitusivos y mucolíticos no se suelen mandar en bebés y niños debido a la falta de eficacia probada y el riesgo de efectos secundarios. Sin embargo, a veces se pueden pautar si la tos o la congestión nasal impiden el descanso nocturno a pesar de las medidas anteriormente mencionadas.

  • Los antibióticos no son eficaces en el tratamiento de los resfriados. Pueden ser necesarios si se complica por una infección bacteriana, como una otitis, neumonía o sinusitis. El uso inapropiado de antibióticos puede crear resistencias, dejando de hacer efecto cuando son realmente necesarios.

  • Para evitar el contagio se recomienda mantener una buena higiene de manos.

CUÁNDO LLAMAR AL PEDIATRA

Se recomienda consultar con un pediatra cuando el niño presente alguno de los siguientes síntomas:

  • Dificultad para respirar a pesar de los lavados nasales.

  • Fiebre que persiste más de 72 horas.

  • Hay signos o síntomas de una infección de oído (irritabilidad mientras se toca un oído, llanto súbito mientras duerme, dolor al presionar la entrada del conducto auditivo).

  • Cambios de comportamiento, incluyendo irritabilidad o letargo (disminución de la capacidad de respuesta) que no ceden con analgésicos o antitérmicos.

  • Los síntomas empeoran o no mejoran después de 7 a 10 días.